miércoles, 24 de agosto de 2016

Maeztu y la prensa amarilla

"Podrá decirse que el liberalismo económico fue rebasado por Stuart Mill cuando lo espiritualizó para convertirlo en un palanque (sic) libre de originalidad espiritual que produjese 'vigor individual y diversidad múltiple'. Pero como la libertad de pensamiento podía interpretarse igualmente como el derecho a no pensar, o a pensar sin lógica, sus resultados no han sido ni el 'vigor individual', ni la 'diversidad múltiple', sino el triunfo de la prensa amarilla y de una literatura barata que ha entumecido el pensamiento."

- Maeztu, La crisis del humanismo.

martes, 23 de agosto de 2016

Un verano de derechas


Tras Donoso, le toca el turno a Ramiro de Maeztu. Estoy disfrutando con él. Me gusta la desenvoltura con la que se enfrenta a los grandes problemas de su tiempo dialogando con los pensadores europeos de talla, a los que conoce bien. Maeztu posee un amplio dominio de la cultura británica y de sus tradiciones parlamentarias y, de hecho, La crisis del humanismo fue publicado en inglés en 1916.

Lo que me ha animado a escribir este post es el siguiente párrafo, que acabo de leer:

"Tanto Stuart MIll como Buckle creían que la libertad es suficiente para formar el pensamiento. De aquí el fervor de su liberalismo. Esta creencia suya tuvo que basarse en esta otra: en la creencia de que bastaba consentir a los individuos que pensaran como quisieran para que las verdades brotasen espontáneas de las cabezas de los hombres. Sólo que no brotan. Y no brotan porque el pensamiento no es una actividad espontánea más que en los pensadores por vocación. La inmensa mayoría de los hombres no piensa casi nunca. Por lo común no piensa el hombre salvo cuando le ha acontecido algún percance. El resto de su vida no hace más que soñar o dejar que sus ideas se asocien al azar. Concentrar la atención sobre problemas objetivos es algo que sólo hacen por amor, en cada generación de un pueblo considerable, media docena de individuos".

Es esta una idea que yo he defendido -cuando me siento corajudo- en algún foro pedagógico, siguiendo algunas investigaciones modernas sobre lo que los americanos llaman "the wandering mind", que es el estado de serie de la mente humana. Pero no puedo seguir a Maeztu en la conclusión de su argumento. Me temo que soy más pesimista que él, quizás porque tengo el vicio de pensar en Sócrates cuando se tratan cuestiones como las del último punto:

"Una democracia que no reconozca el valor del pensamiento será una democracia sin pensamiento o con un pensamiento irregular e ineficaz. Será una sociedad inferior, como cualquier otra, oligarquía o autocracia que no lo reconozca. La ventaja de la democracia sobre las demás formas de gobierno es que no hay en la democracia una casta interesada en sofocar el pensamiento para que no se la discuta."

Los reyes godos

Leo en el Fuero Juzgo, el código legal promulgado por Recesvinto en el año 654, que "la ley sirve para que los inocentes puedan vivir entre los malos".

¡Cuánta soberbia ignorante hay en las bromas sobre la famosa lista de los reyes godos! Por cierto: nunca conocí a nadie que se la tuviera que aprender por obligación, pero ahora mismo acabo de hacer el propósito de aprendérmela por devoción.

lunes, 22 de agosto de 2016

Pourquoi une partie de la gauche s’est entichée du burkini?

En CAUSEUR

El valor del esfuerzo


Josep Pla: “yo me subía a un monte, me ponía delante de un pino y me pasaba horas ensayando su descripción exacta.”

Hoy dicen algunos pedagogos que la cultura del esfuerzo es bazofia ideológica de la derecha para tener explotado al trabajador.

sábado, 20 de agosto de 2016

Todos estamos a favor de lo bueno

Artículo aparecido hoy en el Culturas de La Vanguardia:

En educación todos estamos a favor de lo bueno y en contra de lo malo. Y eso es lo que nos separa radicalmente, porque cada posición pedagógica se ve a sí misma de manera inevitable, como una posición moral. Por eso tendemos a priorizar las metodologías que nos hacen sentir mejores a los profesores. Cuando César Bona les dice a los docentes que tienen que imitar al maestro que les gustaría tener para sus hijos, no estoy seguro de que entienda lo que está diciendo.

Lo bueno, además, ya no es lo que era. La escuela se está transformando en un fenomenal mercado de nuevas tecnologías (no hay empresa tecnológica o institución  financiera solvente que no tenga su propia estrategia educativa destinada a satisfacer –y a incentivar- nuevas necesidades) al mismo tiempo que va reduciendo su protagonismo en la formación de las personas. Por eso las familias completan la formación escolar de sus hijos con actividades extraescolares diversas, como idiomas, música, deportes… y, cada vez más, matemáticas, porque sospechan, con razón, que el futuro es STEM (acrónimo de science, technology, engineering y mathematics). 

No puede sorprender, pues, que se publiquen tantos libros sobre cuestiones educativas. Nos centraremos en cuatro que considero representativos del conjunto. El primero es un libro descriptivo, Cuestión de educación. Un viaje por la enseñanza española, de la periodista Inés García-Albi; el segundo, es propositivo, Aprender en tiempos revueltos. La nueva ciencia del aprendizaje, del catedrático de psicología básica de la UAM, Juan Ignacio Pozo; al tercero y al cuarto algunos los califican de pataletas, pero me parece más adecuado verlos como ejercicios terapéuticos. Son Contra la nueva educación. Por una enseñanza basada en el conocimiento, del profesor de música Alberto Royo (con prólogo de Muñoz Molina) y La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza, del catedrático de matemáticas Ricardo Moreno Castillo (prologado por Arcadi Espada).

“El tema educativo en España da para mucho”, reconoce García-Albi. Tanto es así que ni siquiera está claro de qué hablamos cuando hablamos del sistema educativo español. Esta periodista es consciente de que los resultados de matemáticas de Navarra son similares a los de Finlandia y de que en el País Vasco apenas existe el abandono escolar prematuro, mientras que algunas comunidades vegetan en el furgón de cola de Europa. Sin embargo, todas han conocido el mismo baile legislativo. Dada esta situación, ¿no convendría desconfiar de las recetas homogéneas? ¿No hemos de ser precavidos, por ejemplo, a la hora de promover nuevas leyes o la sustitución generalizada de la “vieja educación” por una supuesta “nueva educación”, como nos propone Juan Ignacio Pozo, en línea con la ortodoxia pedagógica? 

Según Pozo, hoy disponemos de las “nuevas ciencias del aprendizaje” que permiten suplir “lo que la naturaleza no da.” Para este psicólogo no parece existir ni lo dado por naturaleza, ni la objetividad del conocimiento, ni el cociente intelectual. “Los tests de inteligencia”, nos asegura con una seriedad asombrosa, “no miden si usted es o no inteligente (…) sino si es más o menos inteligente que otros”. “Hoy”, añade, “es necesario hablar de inteligencias múltiples”, excepto que uno crea “en el misterio de la Santísima Trinidad”. La verdad es que no hay ningún neurólogo competente en el mundo que crea en las llamadas “inteligencias múltiples”. No creen en ellas ni en el departamento de psicología diferencial de la UAM, donde trabaja Pozo. 

Hace ya diez años, Jaap Dronkers, criticaba “los métodos suaves” postulados por los socialdemócratas por considerar que no reducían las desigualdades sociales y alejaban a los docentes de las filas de la socialdemocracia. Royo y Moreno son dos ejemplos de este alejamiento. Podemos criticarlos, pero sería poco sensato ignorarlos o despreciarlos, porque estaríamos ignorando o despreciando a una buena parte de nuestro profesorado. ¿Es verdad o no que, como asegura Royo, “si hay una palabra que suscita polémica entre el profesorado, esa es pedagogía?” 

Royo y Moreno repasan el vocabulario pedagógico actual con una mirada que quiere ser tan afilada como la navaja de Ockham. Por eso podemos considerar que sus libros son terapéuticos, en el sentido en que la filosofía analítica se consideraba terapéutica frente a la metafísica. Y reconozcamos que la asombrosa ambigüedad del lenguaje pedagógico y las reticencias de muchos innovadores a comprometerse con evidencias que puedan evaluar sus buenas intenciones, les ofrece a ambos abundante munición dialéctica. La confusión es tanta, que el psicólogo Alfredo Hernando en su Viaje a la escuela del siglo XXI, editado por Telefónica, tanto considera innovadoras las escuelas que creen en las inteligencias múltiples, como las escuelas KIPP de los Estados Unidos. Hay quien se considera innovador por querer devolvernos a mayo del 68 y quien para innovar no tiene reparos conceptuales en mezclar a Piaget con Vigotsky y Skinner. En la ideología pedagógica hay pseudociencias que parecen tener más poder de convicción que la psicología cognitiva. 

La escuela vive en una anarquía metodológica porque la administración ya no puede imponer lo bueno. Pero entonces, ¿la progresiva heterogeneidad de los centros no debería corresponderse con una efectiva libertad de elección por parte de las familias?

No es la enseñanza lo más sagrado de la escuela, sino el aprendizaje, pero no todo lo aprendido tiene el mismo valor. Para justipreciar lo aprendido, un buen maestro es imprescindible. Especialmente en estos tiempos en que la pedagogía parece haber olvidado su tradicional dimensión política (que es siempre pedagogía de una cultura) para atender a las diferencias individuales (es decir, al liberalismo pedagógico) y a la futurología (porque, por lo visto, sólo los pedagogos saben exactamente cómo será y no será el futuro).

El día del piolet



Me lo acaba de decir Manuel, el hijo de Marina Ginestà: "Estabas destinado a nacer el día en que Ramón Mercader mató a Trotsky: el día del piolet".

De repente y por un buen rato me dejo atrapar por el fatalismo manso de esta coincidencia y juego con la idea de que todo lo que ha venido después no es sino el despliegue inevitable de esta coincidencia fatal.